Allá por el año 1988 se rodó una película llamada Waxwork en la que un grupo de jóvenes se tenía que enfrentar a las múltiples caras del terror en un juego a vida o muerte en el interior de un museo de cera. Como suelen decir por ahí, las historias nunca empiezan y nunca acaban... sobretodo si sobrevive una maligna mano desmembrada a los acontecimientos. Esa no es nuestra historia, nosotros vamos a hablar de su secuela, Waxwork II, dirigida también por el gran Anthony Hickox en 1992.
